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Experiencias y apuestas de vida en el territorio: El documental como semilla de transformación.

Por: Luisa Sossa Henao


Hace diez años proyecté “Inés. Recuerdos de una vida” en las veinte Casas de Igualdad de Oportunidad para Mujeres de Bogotá. Escuchar las reflexiones de mujeres que vieron en mi primer largometraje un espejo de sus dolores y resiliencias me marcó profundamente. Me reafirmó, en lo más íntimo, en el poder del documental como proceso que transforma al crearlo y se multiplica al compartirlo. Dar vida a Inés fue muy sanador para mí y para las mujeres de mi linaje, revelando cómo las historias personales pueden convertirse en espejos colectivos de sanación y resistencia.


Cinco años después, conversamos sobre Inés con mujeres del piedemonte andino-amazónico en Putumayo, Cauca y Caquetá. Al cierre de las proyecciones y reflexiones, plantamos con ellas un pequeño bosque de Flormorados como promesa de autocuidado y renacimiento. Hoy, el espíritu de Inés crece, sin prisa y sin pausa, reparando la última selva urbana de la Amazonía colombiana en Puerto Guzmán, Putumayo. La acción simbólica de este desenlace me llevó a explorar el documental como puente para pasar de la transformación personal a la transformación colectiva.


Archivo fotográfico personal Luisa Sossa


Un año después, guiada por esta intuición, asumí la dirección académica de la Escuela Taller Selvas Vivas, la primera experiencia de educación no formal en realización audiovisual documental de Puerto Guzmán. En una modesta alianza con organizaciones locales e internacionales, nos propusimos darle un nuevo enfoque a este lugar (históricamente afectado por el conflicto armado, los cultivos de coca, la deforestación y el abandono estatal), adoptándolo como campo de estudio y laboratorio de prácticas. El propósito: formar a mujeres y jóvenes para contar historias sobre sus relaciones con la naturaleza en el territorio.


Escuela taller, ciclo II Puerto Guzmán Putumayo. Archivo fotográfico personal Luisa Sossa


Durante tres años, las participantes no solo aprendieron a convertir sus ideas en cortos documentales, con todo lo que ello implica, sino también a plantar y cuidar árboles nativos fortaleciendo su vínculo con el territorio y su compromiso con la vida. De esta primera experiencia quedan hoy 12 cortos que ofrecen una mirada profunda y autocrítica sobre los conflictos socioambientales en la amazonia. Inicialmente, estos trabajos se utilizaron como material pedagógico en la Institución Educativa Amazónica, aliada local, pero luego fueron adoptados para la sensibilización ambiental en instituciones educativas de Francia y Alemania.


Si bien enfrentamos frustraciones al ver partir a quienes dejaban el proceso, aquellas que permanecieron demostraron que la insistencia valió la pena: se organizaron como el “Colectivo Selvas Vivas” incursionando en un nuevo mundo de posibilidades. Los reconocimientos no se hicieron esperar: ganaron la beca Relatos en Serie de Proimágenes, obtuvieron un capital semilla de Dejusticia para organizarse formalmente y continuar su compromiso con la creación y difusión de narrativas sobre su región.

Hace un año emprendimos con el Colectivo Selvas Vivas un nuevo camino. Ganamos una beca del Minculturas para acompañar a los resguardos Nasa de El Descanso y La Aguadita, en una primera experiencia de co-formación en realización audiovisual y sonora con enfoque de educación popular, intercultural e intergeneracional.


Archivo fotográfico personal Luisa Sossa


Esta co-formación con las comunidades Nasa nos trajo un gran desafío metodológico, pero también, un intercambio profundo de saberes. Mientras compartíamos sobre herramientas audiovisuales, ellas nos abrieron las puertas a su cosmovisión, a su forma única de percibir el tiempo, el espacio y su relación con la naturaleza. Sus narraciones orales, rituales y formas de transmitir conocimientos nos llevaron a desaprender, a reinventar nuestras prácticas y encontrar nuevas maneras de compartir experiencias.


De este diálogo surgen dos piezas documentales: un cortometraje sobre la llegada de sus mayores al territorio en los años sesenta, y una pieza sonora que explora los desafíos del Ser Nasa en esta región. Para las comunidades de El Descanso y La Aguadita, este primer encuentro con la narración audiovisual abrió caminos para documentar y preservar su patrimonio cultural pensando en sus nuevas generaciones.

A esta altura, he aprendido que crear documentales con estas comunidades nos confronta con la realidad del trabajo colectivo en contextos complejos. Implica avanzar entre incertidumbres, asumir la herramienta como un espacio de intercambio, cuestionar nuestras certezas y reconocer nuestras limitaciones. ¿Cómo hacer de la formación un medio para alcanzar sus fines? ¿Cómo crear condiciones para continuar aportando a sus necesidades?¿Cómo lograr que las herramientas no solo documenten, sino que fortalezcan sus luchas? Tal vez el desafío no sea encontrar respuestas definitivas, sino asegurar que estos procesos sigan latiendo, que las comunidades se apropien de las herramientas y que la voz de sus territorios nunca deje de escucharse. Porque, al final, narrar es un acto de memoria viva, de resistencia y de transformación.

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Sobre la autora:

Profesional en Mercadeo y Publicidad con más de 20 años de experiencia en la dirección, realización, guión, producción y asesoría de proyectos audiovisuales para diversas productoras y organizaciones.

Como directora y guionista se destaca su largometraje documental “Inés. Recuerdos de una vida” (2013), ganador del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC), apoyado por el Ministerio de Cultura y coproducido por RTVC, así como el cortometraje “Dulce Carito” (2015), ambos premiados y exhibidos en festivales nacionales e internacionales. Además, ha contribuido en cortometrajes como “Escuche mi verdad” (2020), codirigido con Raissa Rosas para la Comisión de la Verdad, y “Volver a nuestras tierras un derecho inaplazable”, serie realizada para la Comisión Colombiana de Juristas.


Complementando su labor como creadora audiovisual, ha compartido su experiencia y conocimientos como formadora en realización documental en diversas regiones de Colombia. Durante los últimos cuatro años, ha residido en Putumayo, donde se ha involucrado en iniciativas que promueven el fortalecimiento de procesos interculturales.


Lidera un proceso de educación no formal de creación y realización audiovisual con mujeres y jóvenes rurales en Puerto Guzmán, Putumayo, en colaboración con la Fundación Itarka. También es miembro del Consejo Departamental de Cinematografía y Medios Audiovisuales del Putumayo y ha participado como curadora y jurado en el Encuentro de Cine del Putumayo en sus dos últimas versiones, contribuyendo al desarrollo y promoción de la industria audiovisual en la región. 



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